A continuación tenemos el placer de publicar la crónica de nuestra compañera Sandra por tierras del Tirol Austriaco.
1.- LA CARRERA
El 2 de agosto de 2025 corrí la Pitz Alpine Glacier Trail, en Austria, en la región del Pitztal. El valle abarca cuatro municipalidades. La carrera discurre en St. Leonhard, en pleno corazón del Tirol.
Dentro del evento Pitz Alpine Glacier Trail existen varias distancias y este año además acogía por primera vez las Golden Trail World Series (GTWS).
Además, la Pitz Alpine Glacier Trail en 2025, puntúa para la clasificación ITRA y está dentro de las UTMB Index.
Elegí la distancia de 30 kilómetros. Quería conocer esa zona de los Alpes austriacos. Quedé sorprendida: es sinceramente espectacular. Muy distinta a Chamonix-Mont-Blanc, que descubrí en 2023 cuando corrí OCC by UTMB®.
En la zona de Pitztal, lo que en el Sistema Central español llamamos verano no existe; al menos este año, todo parece una primavera interminable. Los bosques están repletos de hongos, frutas silvestres que brotan entre la hierba, humedad que se cuela en la piel. El valle de Pitz está protegido por altas montañas, escarpadas y pegadas unas a otras, vestidas de verde. Esa proximidad crea microclimas que cambian en cuestión de minutos. Y algo más: el valle apenas recibe viento, como si fuera un refugio natural.
La fecha del evento Pitz Alpine Glacier Trail era perfecta para preparar el gran objetivo del año: el Gran Trail de Peñalara. Hicimos la inscripción en el mes de marzo. Busqué una carrera agosto que supusiera un reto y, al mismo tiempo, un buen complemento para el GTP. Cuadramos las vacaciones del trabajo para ese periodo y empezamos a dar forma a la idea.
No he tenido entrenamientos específicos para la carrera. Durante casi la totalidad del primer semestre del año hemos trabajado en asfalto con varias competiciones en media maratón y 10K junto a la gente contagiosa del Club de Atletismo Azuqueca. Correr con el grupo del Club Atletismo Azuqueca es descubrir que la motivación también se contagia.
Las últimas semanas metimos bastante volumen al entrenamiento y algo de intensidad. Hemos estado trabajando sobre zonas de potencia con el sensor Styrd.
Esto en montaña y terreno técnico es bastante específico y las interpretaciones las lleva Rodri Ladera, quien me planifica de manera específica estos entrenamientos.
Todo pensando en octubre y el Gran Trail de Peñalara. Llegué sin ningún tipo de expectativas a la carrera. Solo disfrutar del entorno.
Siempre que podemos, viajamos en autocaravana. Priorizamos: libertad y autonomía. Dormir en plena naturaleza, lejos del ruido y de las aglomeraciones, despertar con el sonido de un río o el crujido de los árboles.
Así que, al igual que hicimos para y a Chamonix, cruzamos Europa sobre ruedas. Fuimos desde España hasta los Alpes austriacos.
2.- EL ESCENARIO ALPINO
Este valle no se rinde a la mirada rápida; hay que respirarlo.
El Pitztal, enclavado en pleno corazón del Tirol, se abre paso entre las cumbres de los Alpes de Ötztal, una cordillera que alberga glaciares legendarios y la imponente Wildspitze (3.770 m), la segunda montaña más alta de Austria. En su cabecera, a 1.675 metros de altitud en Mandarfen, nace la esencia alpina que define esta carrera.
No es la postal abierta de Chamonix-Mont-Blanc, con sus agujas de granito dominando el horizonte. Aquí el paisaje es íntimo y cerrado, un abrazo frondoso donde el agua nunca calla. Cascadas que caen sin permiso, raíces que se enredan bajo las botas, senderos húmedos que huelen a tierra viva.
Donde Chamonix es amplitud y roca, Tirol es bosque y musgo. Donde uno grita épica, el otro susurra misterio.
Cuando el bosque cede, aparecen glaciares como fantasmas azules, recordándote que, aunque la vegetación lo cubra todo, aquí late la montaña más salvaje. Y hay algo más que lo diferencia: la vida humana. El Pitztal es tranquilo, auténtico, con turismo mucho menos masivo. Pueblos pequeños, carreteras estrechas y un ambiente rural que acoge sin estridencias.
Como curiosidad. En estas montañas apareció Ötzi, el hombre de hielo, una momia de más de 5.000 años hallada en 1991 a 3.210 metros de altitud en un glaciar del macizo. Conservaba ropa, herramientas y hasta tatuajes, y hoy se expone en el Museo Arqueológico del Tirol del Sur, en Bolzano, como uno de los hallazgos más importantes de la prehistoria europea.
3.- LA SEMANA PREVIA
Comenzamos a preparar el material para el viaje una semana antes. Como no se trata solo de correr, sino de vivir la experiencia completa, hay que sumar bicis para rodar por los puertos alpinos, material para el frío, para el calor, para la lluvia. Siempre queremos hacer de todo…
Cinco días después de salir de casa, con varias paradas intermedias para entrenar, la ruta había sido un viaje en sí misma:
• Ariza, con 70 y pico kilómetros en bici.
• Paso por Canfranc, donde hice el recorrido de CanfrancCanfranc Classic 16K en los Pirineos aragoneses, subiendo La Moleta.
• Carbonne, antes de continuar el viaje.
• Un desvío mágico en bici hasta el lago de Annecy (Francia), con sus aguas turquesas.
• Morges, en Suiza, para hacer unas series y mantener la chispa en las piernas.
Finalmente, pueblo desde el que sale la Pitz Alpine Glacier Trail, en Austria. Dormimos en el parking habilitado para caravanas, a un kilómetro de la zona de salida de la carrera, situado 1.796 metros de altitud. Cuatro grados de temperatura en un escenario puramente alpino.
Hicimos un recorrido de reconocimiento del inicio del recorrido de la carrera. Desde la plaza de Mandarfen, menos de un kilómetro de llaneo y, de pronto, una pared. Una subida con 30 % de media de inclinación, terreno técnico, mojado, raíces, rocas, barro. En unos 3 kilómetros, 600 m+, todo por sendero único. Quedaba claro: había que salir a un ritmo bastante vivo. Por suerte, iba a salir en el primer cajón.
La recogida de dorsales era bastante cómoda. Se reservaba hora desde la página web y podías recogerlo desde el día de antes a las 14 horas en la plaza de Mandarfen, justo en el mismo lugar de la salida de la carrera. Estaba allí todo centralizado, lo que era bastante cómodo.
Previa recogida de dorsal había un primer control del material obligatorio. El segundo, era justo antes de la salida de la carrera, antes de entrar en el cajón.
La bolsa del corredor era sencilla pero útil. ¿El contenido? Una braga de cuello Salomon®, una cinta para el pelo con el logotipo de la carrera y dos muestras de crema.
La feria del corredor se ajustaba a la placita de Mandarfen: dos casetas de Salomon®con todas las novedades, The North Face®, NNormal y un par de tiendas locales con un mosaico de marcas. El resto eran puestos locales de comida y bebida típica. Todo el protagonismo lo acaparaban las Golden Trail World Series.
El briefing y la presentación de la élite eran a las 18:30 horas del día anterior a la carrera. También en la plaza de Mandarfen, habilitaron alguna carpa para salvar de la lluvia y el frío.
4.- MATERIAL UTILIZADO
La mañana del día 2 de agosto, salida de las Golden Trail World Series y la Pitz Alpine Glaciar Trail en varias modalidades, amaneció con lluvia persistente, 2 °C y un 80 % de humedad. Nevadas en cotas más altas y viento. Se advertía que aquella no sería una carrera fácil. La organización ya había activado el día anterior el material obligatorio por el mal tiempo.
Cambié la estrategia de material de carrera. En un principio quería ir con mi cinturón Naked®, empero, no me cabía todo el material. Eché mano de mi chaleco de hidratación WEIS. Lo tengo para distancias largas, pero dada la lista de material obligatorio, no tenía muchas más opciones.
Dentro del chaleco, bien comprimido y aislado del agua con bolsas para congelados: pantalones térmicos Lurbel, pantalones impermeables Raidlight MP+®, manguitos Sport HG, camiseta de manga corta de Beoutdoor (mi patrocinador) y botiquín. Además, dos botellas flexibles de 500 ml, vaso plegable obligatorio y un mini teléfono comprado en el chino de mi barrio.
Para correr me puse unas mallas cortas SCOTT®, camiseta térmica de manga larga, calcetines y top, todo Lurbel. Como hacía frío y además llovía me llevé los guantes Raidlight impermeables y cálidos, y como segunda capa, la membrana ligera Raidlight MP+®. Por cierto, la membrana y los guantes no me los quité en toda la carrera. No me sobraron en ningún momento.
Como zapatillas dada la tecnicidad del terreno me llevé las Salomon S/LAB GENESIS. Corrí con este modelo OCC y Val d’Aran by UTMB®. No me fallan.
En nutrición, llevé más de lo que tomé, como siempre. Había hecho acopio de alimentación para la carrera con los chicos de Más Desnivel. Dos geles y tres cuadraditos de guayaba y tres sobres de sales Totum Sport. Durante la carrera me tomé solo un gel Fanté con cafeína y un cuadradito de guayaba.
5.- LA SALIDA Y PRIMEROS KILÓMETROS
La carrera arrancaba a las 8:30 de la mañana, así que bajé calentando desde la cámper un kilómetro a toda prisa, casi en sprint, porque llegaba tarde. Antes de entrar en el cajón me preguntaron si llevaba varias cosas de material obligatorio. Sinceramente, no me enteré de nada. Dije a todo que sí. Entré en el cajón, puse el track en el Garmin y dieron la salida. No me dio tiempo a más.
Salí a un ritmo por debajo de 5 minutos el kilómetro. Mi único objetivo en esos primeros metros era claro: quitarme el tapón antes de la primera subida, porque ahí no cabía adelantar.
La primera subida coincidía con el recorrido de las GTWS: esos 4 kilómetros con una media del 30 % de desnivel hasta el refugio situado a 2.300 metros de altitud. Creo que tardé algo menos de una hora en llegar. Después vino un descenso breve que me llevó al primer regalo del día: un lago de color turquesa que parecía sacado de un cuento. El lago que da nombre al refugio: Rifflsee. El segundo ascenso comenzó poco después para llegar a los 2490 metros de altitud.
Puedes ver el recorrido completo y los detalles técnicos en mi perfil de Strava y Wikiloc.
6.- DESARROLLO DE LA CARRERA: MOMENTOS DE ESFUERZO Y DECISIÓN
La tercera subida fue la prueba definitiva: casi 6 kilómetros de ascenso por el sendero Fuldaer Höhenweg hasta los 2590 metros de altitud. Desde el Fuldaer Höhenweg se puede contemplar claramente el Taschachferner, que es uno de los glaciares más impresionantes del valle de Pitztal (Alpes de Ötztal). En esta ocasión no pude debido a la poca visibilidad por la niebla.
En este tramo, el frío se volvió brutal. Nieve, viento y un tramo técnico que exigía todo: cuerdas en algunos pasos, trepadas sobre roca resbaladiza en otros. El terreno no daba margen para errores. El cuerpo tiritaba y la mente entraba en modo supervivencia. Me puse la capucha de la membrana y me hablé en voz baja
“Sandra, cuando crees que no puedes más, siempre puedes más. Sigue. Sostenlo. No lo sueltes.”
Ese mantra me mantuvo anclada. Seguí, paso a paso, hasta tocar cima. Allí había un par de voluntarios de la organización, sonrientes, con un móvil para inmortalizar el momento. No sé si logré devolverles la sonrisa; creo que no tenía cara, solo frío.
Desde la cima comenzó el descenso y otra subida hasta el refugio de Taschachhaus, a unos 2.430 metros de altitud. A partir de ahí, una zona de bajada muy técnica. Un disfrute técnico: roca mojada, cascadas cruzando el camino, ríos desbordados. Dejé de esquivar charcos; avancé por el agua como si no existiera otra opción. Cuando el terreno lo permitió, en los últimos cinco kilómetros, bajé el ritmo todo lo que pude. Era pista forestal hasta la meta en Mandarfen.
Este fue el motivo por el que la organización había recortado el trazado original de las Golden Trail World Series. Pasando de 23 km y 1.700 m+ a ser 20 km y 1.000 m+. Allí arriba, la montaña no perdona.
Llegué a meta sin mente, paré el reloj y alguien me colgó la medalla sin que apenas me diera cuenta. Entré en la carpa del avituallamiento. Calefacción, bendita calefacción.
Estuve 4 horas en carrera. Llegué a meta en la 38 posición de 318 personas. La novena de un total de 123 mujeres y la 1ª mujer de veinte dentro de mi categoría de edad.
Rodri estuvo 3 horas y 47 minutos en carrera. Llegó a meta en la posición 26 de un total de 318 personas. El 22 de un total de 195 hombres y el 6º de un total de cincuenta y cinco en su categoría de edad.
Fue una carrera solo corta en distancia. El frío en la última subida y el obligado ritmo lento por la tecnicidad, me llevaron a un límite distinto: la disociación. Es como entrar en modo supervivencia. Cuando el cuerpo siente que peligra, bloquea. Dejas de sentir. Dejas de pensar. Solo haces lo que hay que hacer para sobrevivir. Como alguien que, en un accidente, logra abrir una puerta con un brazo roto. No hay heroísmo, hay pura biología.
7.- ¿CARRERA RECOMENDADA?
¿La recomendaría?
Había solo dos avituallamientos en todo el recorrido. Entre el kilómetro 4 y el 20 no había absolutamente ningún punto de avituallamiento. Si bien es cierto que, yo no paré en ninguno y en esta ocasión había agua a raudales en ríos y cascadas.
Otro aspecto mejorable fue la señalización y el seguimiento del recorrido. Había intersecciones donde coincidían hasta tres carreras diferentes: la GTWS, la P15 y la P30. Eso obligaba a mirar el GPS del reloj con frecuencia y generó confusión en varias personas. Si no ibas atenta, era fácil desviarse.
Todo lo demás, recomendado. El paisaje es sencillamente impresionante. El recorrido es técnico, salvaje y espectacular, con zonas que parecen sacadas de un cuento.
Otro punto a favor: la gente. La complicidad entre personas corredoras me sorprendió. Respeto, educación, palabras amables cuando alguien quería adelantar y cortesía cuando pedias paso para adelantar. Ese calor humano fue un contrapeso perfecto al frío extremo. En otras carreras no sucede así.
También quiero destacar a las personas voluntarias y colaboradoras: siempre con una sonrisa, incluso en la cima bajo la nieve. Y aunque los avituallamientos en carrera fueron escasos, la carpa de meta estaba acondicionada con calefacción, un detalle que agradecí profundamente. Eso sí, la variedad de comida en meta era limitada.
¿Recomendaría esta carrera?
Sí. Si te gusta la montaña. Si buscas un desafío auténtico en medio de la naturaleza más pura, porque este lugar te envuelve con paisajes que quitan el aliento y una energía que se queda contigo para siempre. Late al ritmo del respeto por la montaña: senderos cuidados, sostenibilidad real y un compromiso profundo con preservar lo que la naturaleza nos regala.
En el Pitztal, la sostenibilidad se vive, no se declama. Todo pensado para reducir emisiones y conservar intacta la grandeza de estas montañas.
En este escenario, la carrera de montaña no es una amenaza, sino un ejemplo de cómo deporte y naturaleza pueden convivir. Cada detalle está diseñado para minimizar residuos, usar recursos locales y mantener la pureza del paisaje. El Pitztal demuestra que es posible correr entre picos y glaciares, sentir la aventura en estado puro y, al mismo tiempo, honrar la tierra que lo hace posible.
Me encantó la energía positiva de la gente del lugar. Pese al clima gélido, hubo mucho calor humano.
Si buscas un desafío real, naturaleza en estado puro y te gusta la aventura, esta experiencia te enriquece seguro.